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DENTISTAS

Los protocolos

Los protocolos de atención bucodental en el paciente cardiovascular

El protocolo dental para pacientes cardiovasculares se centra en minimizar el estrés y el riesgo de infección mediante consultas médicas, reducción del estrés
(visitas breves, sedación), gestión cuidadosa de la medicación (vasoconstrictores limitados, control de interacciones como la amiodarona) e higiene estricta,
con profilaxis antibiótica para casos de alto riesgo antes de procedimientos que causan bacteriemia, haciendo hincapié en la atención rutinaria para
prevenir problemas graves.

Principios clave

  • Consulta médica: esencial para comprender el estado del paciente, los medicamentos que toma y su nivel de riesgo.
  • Reducción del estrés: se trata de un factor importante. Procurar un entorno tranquilo, programar citas breves y considerar el uso de óxido nitroso o ansiolíticos orales, si procede.
  • Conocimiento de los medicamentos: comprobar las interacciones (por ejemplo, amiodarona con anestésicos locales) y evitar los AINE como el ibuprofeno, a menos que estén consensuados con el médico responsable del paciente.
  • Monitorización: comprobar el pulso y la presión arterial antes del tratamiento.
  • Vasoconstrictores: utilizar epinefrina con moderación (máximo 0,04 mg) para limitar el estrés cardíaco.
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Pretratamiento y evaluación

- Consulta médica: valorar el estado clínico actual, revisar la medicación y determinar si es necesaria una consulta médica previa.
- Historial médico: revisión completa de las afecciones, los medicamentos (especialmente los anticoagulantes) y el historial.
- Signos vitales: comprobar la presión arterial (aplazar si es >160/100 mmHg para la atención electiva), la frecuencia cardíaca y la saturación de oxígeno.
- Control del estrés: evaluar la ansiedad; utilizar un entorno tranquilo, sedantes (óxido nitroso, ansiolíticos) o citas más cortas.

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Durante el tratamiento

- Programación: a menudo se prefieren las citas por la mañana.
- Reducción del estrés: minimizar la ansiedad utilizando técnicas para reducir el estrés.
- Monitorización de constantes vitales: controlar periódicamente el pulso, la presión arterial y, en algunos casos, la saturación de oxígeno.
- Anestesia local: utilizar dosis bajas de vasoconstrictores (por ejemplo, epinefrina <0,04 mg), e inyectar lentamente. El riesgo derivado del estrés/dolor endógeno suele ser mayor que el riesgo de la anestesia.
- Marcapasos/desfibriladores: cuidado con los dispositivos eléctricos, aunque los modernos son más resistentes.

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Medicación y manejo del dolor

- Antibióticos: profilaxis para afecciones específicas de alto riesgo (válvulas protésicas, endocarditis previa) antes de procedimientos invasivos, según las directrices de las guías clínicas de uso de antibióticos.
- Alivio del dolor: el paracetamol es generalmente el más seguro. Evitar los AINE (como el ibuprofeno) a menos que lo confirme el médico responsable del paciente.
- Anticoagulantes: las decisiones sobre la suspensión de estos fármacos para procedimientos como extracciones implican sopesar los riesgos de sangrado frente a los de coagulación, a menudo guiándose por un protocolo consensuado.

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Postratamiento

- Centrarse en la higiene bucal: el cepillado regular, el uso de seda dental y las limpiezas profesionales son fundamentales para prevenir la inflamación sistémica.
- Aplazamiento de la atención electiva: aplazar los procedimientos electivos durante 6 semanas después de un infarto de miocardio o 6 meses después de la colocación de un stent farmacoactivo.

LOS PROTOCOLOS DE ATENCIÓN BUCODENTAL EN EL PACIENTE CARDIOVASCULAR

Este apartado se centra en las consideraciones críticas que los dentistas deben tener en cuenta al tratar a pacientes con afecciones cardiovasculares. Al proporcionar un marco basado en la evidencia, su objetivo es orientar a los profesionales para que presten una atención segura y eficaz, minimizando al mismo tiempo los riesgos asociados a estas enfermedades prevalentes y complejas.

Profilaxis antibiótica

Para prevenir la endocarditis bacteriana (EB), a menudo se recomienda la profilaxis antibiótica para pacientes con alto riesgo, incluidos aquellos con válvulas cardíacas protésicas, episodios previos de EB o defectos cardíacos congénitos específicos. Las guías proporcionan directrices sobre la profilaxis, siendo la amoxicilina el antibiótico de primera elección. Para los pacientes con alergia a la penicilina, se recomienda utilizar la azitromicina. El momento de la administración es crucial para la profilaxis, y los antibióticos se suelen administrar una hora antes de los procedimientos dentales invasivos. Si bien los procedimientos dentales menores pueden no requerir profilaxis, los procedimientos invasivos, como las extracciones, los tratamientos de conducto radicular y las cirugías periodontales, requieren el cumplimiento de estas directrices para prevenir la bacteriemia y la consiguiente endocarditis.

Manejo de los riesgos de hemorragia

Los pacientes en tratamiento anticoagulante, incluidos los tratados con warfarina, anticoagulantes orales directos o antiagregantes plaquetarios, presentan un desafío particular debido al aumento del riesgo de hemorragia. Los dentistas deben evaluar cuidadosamente la necesidad de modificar los regímenes anticoagulantes en función de la invasividad del procedimiento planificado, previa consulta al médico responsable del paciente. En el caso de procedimientos menores, como limpiezas rutinarias o restauraciones, los pacientes pueden continuar con sus anticoagulantes sin modificaciones. Sin embargo, para cirugías más complejas (por ejemplo, extracciones o cirugía periodontal), es esencial la colaboración con el cardiólogo del paciente para determinar si se debe ajustar temporalmente o suspender el tratamiento anticoagulante. Las medidas hemostáticas locales, como suturas, enjuagues bucales con ácido tranexámico o esponjas hemostáticas, son herramientas muy valiosas para controlar el sangrado durante y después de los procedimientos dentales. Es importante señalar que el cambio de anticoagulantes o la modificación de las dosis solo deben realizarse tras consultar con el médico para evitar eventos tromboembólicos.

Anestésicos locales e interacciones farmacológicas

El uso de anestésicos locales que contienen vasoconstrictores, como la epinefrina, debe considerarse cuidadosamente en pacientes con afecciones cardiovasculares como arritmias o hipertensión mal controlada, así como en aquellos pacientes que llevan marcapasos o desfibriladores. En estos casos, es prudente limitar la cantidad de vasoconstrictor utilizado u optar por anestésicos locales sin epinefrina para evitar complicaciones cardiovasculares. Además, la interacción entre los AINE y los medicamentos cardiovasculares, como la aspirina y ciertos fármacos antihipertensivos, debe guiar el tratamiento del dolor postoperatorio. Los AINE pueden exacerbar la hipertensión e interactuar negativamente con la terapia anticoagulante, por lo que puede ser preferible utilizar paracetamol u opioides para aliviar el dolor postoperatorio. Los dentistas también deben conocer otros medicamentos que esté tomando el paciente (por ejemplo, betabloqueantes, diuréticos), ya que estos pueden influir en la elección de los anestésicos locales y los sedantes.

Manejo del estrés y la ansiedad

El estrés durante los procedimientos dentales puede afectar significativamente la función cardiovascular, elevando la presión arterial, la frecuencia cardíaca y provocando arritmias en pacientes vulnerables. Los dentistas deben adoptar estrategias para reducir la ansiedad de los pacientes y controlar el estrés. Esto puede incluir programar citas más cortas y menos invasivas y proporcionar un entorno tranquilo y reconfortante. Se pueden considerar opciones de sedación, como el óxido nitroso (que se utiliza a menudo para la sedación leve) o los ansiolíticos orales, para los pacientes más ansiosos, pero se debe tener cuidado de controlar la función respiratoria y cardiovascular durante todo el procedimiento. En casos de ansiedad o miedo extremos, la anestesia general puede ser una opción, aunque esto requiere una planificación preoperatoria cuidadosa y la consulta con el cardiólogo del paciente. El uso de técnicas no invasivas de reducción del estrés, como ejercicios de respiración profunda o relajación guiada, también debe incorporarse a la práctica.

Preparación para emergencias

Los pacientes cardiovasculares corren un riesgo elevado de sufrir emergencias durante los procedimientos dentales, como angina, arritmias o incluso paro cardíaco. Es esencial que las clínicas dentales estén bien equipadas para hacer frente a este tipo de emergencias. Todos los consultorios dentales deben disponer de equipos clave, como un desfibrilador externo automático (DEA), sistemas de suministro de oxígeno y medicamentos de emergencia. El personal debe estar formado en soporte vital básico (SVB) y soporte vital cardíaco avanzado (SVCA), especialmente en consultas con un gran volumen de pacientes con afecciones cardiovasculares conocidas. La preparación incluye el desarrollo de protocolos de emergencia que cubran los eventos cardiovasculares comunes, asegurándose de que todos los miembros del personal comprendan sus funciones en caso de emergencia y revisando periódicamente estos protocolos mediante simulacros y formación.